Del Manifiesto al píxel: el futurismo nunca se ha detenido
En 1909, Filippo Tommaso Marinetti lanzó desde las páginas de Le Figaro un grito que pretendía barrer el pasado. Velocidad, máquinas, energía eléctrica: el futurismo nació como una ruptura total, como una apuesta por el mañana. Lo que pocos habrían imaginado es que ese mañana llegaría de verdad —y tomaría la forma de código, algoritmos y pantallas luminosas.
Los orígenes: la máquina como musa
Boccioni, Balla y Severini tradujeron el movimiento a la pintura, descomponiendo el gesto en secuencias simultáneas. La velocidad no era solo un tema: era una nueva gramática visual.
El siglo XX: legado y transformaciones
Desde el constructivismo hasta el arte informático de los años sesenta, el impulso futurista se ha transmitido de generación en generación, cambiando de forma sin perder su carga provocadora.
Hoy: lo digital como vanguardia
La inteligencia artificial generativa, el net art, las instalaciones inmersivas: el futurismo digital no cita el pasado, lo reinventa. La tecnología vuelve a ser musa, instrumento y manifiesto.
El futuro nunca ha sido un punto de llegada. Es una dirección. Explora cómo la vanguardia de ayer sigue rediseñando el arte y la cultura digital de hoy.
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